El cubículo de hámsters

Hace un par de años tuve mi primera reunión con el comité de empresa. Fue una reunión de “tanteo” en la que las dos partes nos aproximábamos desde la desconfianza. Tengo que decir que yo nunca había tratado con un comité de empresa pero tenía un montón de prejuicios debido a todo lo que me habían contado otros, que no dejaban de ser sus propias experiencias. Desde el otro lado, el comité también había tenido sus propias experiencias con lo que se encontraban dos “actores” no muy proclives a entenderse. A día de hoy y tras más de dos años de trabajo conjunto, tengo que decir que el comité de empresa y yo tenemos una gran relación, basada en el respeto, la buena comunicación  y la colaboración.

Volviendo a esa primera reunión, una de las reivindicaciones que más me sorprendió  fue la que se refería a que había mucha desconfianza debido a que cuando los managers estaban en la sala de trabajo, los vendedores no sabían lo que hacían. En ese momento me quedé estupefacto…que iban a hacer si no trabajar!, y más cuando yo mismo estaba con ellos y los veía darse a fondo intentando servir a esos mismo vendedores! Eran los primeros días y la desconfianza entre la dirección de la tienda, los vendedores y el comité era muy grande.

Esta cuestión me dejó muy pensativo. La primera reacción fué la de negar al otro y pensar que estaban  en un error, pero mi papel era el de cuestionarme absolutamente todo. Yo seguía sumergido en libros tratando de contestar a todas las preguntas que se planteaban casi a diario y tratando de establecer un plan con una hoja de ruta que me llevara a mejorar la situación de la tienda. El problema no era el hecho en sí de que los managers estuvieran encerrados en una sala, era algo mucho más grande, pero que debía “combatir” batalla a batalla, y esta era un importante.

En aquel entonces la sala daba a un pasillo por donde tenía que pasar todo el mundo en la tienda para ir a otras salas, los baños y taquillas, y estaba separada del pasillo por un panel. Decidí que si quizá podían ver lo que sucedía allí dentro, los vendedores se darían cuenta de que no pasaba otra cosa más que trabajo. Por otro lado tenía la intención de convertir aquella sala en un espacio colaborativo donde todo el mundo pudiera trabajar y relacionarse.

Nos pusimos manos a la obra y en un mes teníamos la sala con una flamante cristalera desde la que se podía ver el pasillo y la tienda desde arriba.


Sucedieron dos cosas:

1- La primera fue que los vendedores empezaron a llamar a los managers “los hámster” porque desde su perspectiva los veían como los animales que esperan en las tiendas detrás de un cristal a ser comprados por alguien. También sucedió que como el ambiente de confianza no era el adecuado aún, los vendedores veían estos cristales como unos prismáticos que los observaban todo el tiempo que estaban en la tienda. Una vez más la experiencia del control les sobrevenía a la cabeza a los vendedores.

2- Los managers se sentían observados también desde fuera lo que hacía que tuvieran que comportarse como lo harían si estuvieran fuera de la sala y eso era algo bueno. Ya no tenían su “reducto de paz” y les obligaba a tener la misma “tensión” en el trabajo como cualquier vendedor.

Muchos me dijeron que era una mala idea y que debía seguir separando a estos dos grupos porque había provocado más cosas negativas que positivas. Yo tenía la firme convicción que iba a ser una herramienta más de cambio que iba a ayudar a muchas otras que estábamos poniendo en marcha.

Con el tiempo, estos cristales han provocado muchas cosas y muy buenas. Los managers hoy cuando están en la sala, siguen estando disponibles para todo aquel vendedor que lo requiere. Cuando alguien pasa por el pasillo, es imposible no verlo desde la sala y al revés, hay mucho más contacto visual y esto provoca que todo el mundo se diga un “hola” o simplemente levante la cabeza y la mano. Los vendedores se han “apoderado” de la sala y provocan sus propias reuniones allí o simplemente entran a trabajar en sus responsabilidades. Desde la sala se ve la tienda con lo que si hay alguna necesidad en la sala de ventas, los managers la detectan rápidamente y bajan a ayudar a los vendedores

Al final los beneficios de tirar abajo “los muros” han superado con creces al los primeros inconvenientes y ha sido un catalizador más de cambio, que nos ayudó  a crear confianza y más contacto entre vendedores y managers. Esto me llevó a entender  como los espacios físicos de trabajo importan más de lo que nos pensamos y deberíamos tenerlos en cuenta para ayudar en el cambio o fomento de unos entornos de trabajo donde la gente colabora más, tiene más confianza y muy importante, se siente agusto trabajando.

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3 comentarios sobre “El cubículo de hámsters

    1. Hola Óscar! La verdad es que salió bien! Si uno tiene como objetivo servir a los demás, la crítica es bienvenida porque te hace mirar lo que haces desde muchos puntos de vista. 🙂

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